mayo 07, 2010

EN CONCRETO
POR PANCHO AGUILARTE
UN MAMOTRETO EN LECHERIA

Muchas veces quisiéramos escribir de poesía, metafísica, de la belleza, de la historia y de las tradiciones. Recordar como, aun cuando el tiempo pasa, los recuerdos nos llevan a épocas pasadas con toda su carga de emotividad y nostalgia. Son vivencias que no volverán pero que quedaron grabadas para siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones. Siempre terminamos anhelando lo que ya no volverá. Es como si todo lo bueno quedara atrás y la carrera de obstáculos, que en definitiva es la vida, si hiciera más constante y más profunda. Hoy es 31 de Diciembre, último de este año. Quizás lo normal hubiera sido que escribiéramos del gran niño Dios. De la vida del carpintero de galilea. De esperanzas y de fe. Pero no, nuevamente la triste realidad que nos corresponde vivir en estos aciagos años nos obliga a tener que escribir sobre situaciones que aumentan la angustia, la impotencia ante los abusos de los poderosos ante los débiles. En este caso de quienes representan al estado y de quienes administran sus riquezas. Es difícil para quien tiene la piel sensible quedarse callado ante tanto atropello a los ciudadanos. Es lo menos que se puede hacer para estar, en estos días tan propicios para ello, en paz con la conciencia y con los prójimos. Vamos en primer término a denunciar la genial estupidez de aquel o aquellos que se les ocurrió implementar un nuevo sistema de acceder a las instalaciones de la Agencia del Banco de Venezuela en Lechería. No sabemos en que estarían pensando.¿Acaso, generar rabia a los usuarios, clientes o no, de esta banca, hasta hace poco en manos del Grupo privado Santander?¿Mostrar fehacientemente por si algún extranjero generoso tenía dudas que somos un país subdesarrollado? ¿O quizás llamar la atención de algún jefe caraqueño para lograr un ascenso? no sabemos cual de esas premisas puede haber sido la que motivó semejante disparate pero lo que si sabemos es el gran descontento que la medida ha traído a los usuarios de esa agencia, a tal punto que lo que hemos escuchado de quienes allí asisten han sido las mas duras apreciaciones para quienes creen los clientes, son los responsables de tamaña locura. Desde el Presidente de la republica hasta los vigilantes han sido objeto de todo tipo de burlas, reclamos y palabras subidas de tono. Pero al margen de lo infuncional, ridículo y subdesarrollado de la iniciativa carcelaria lo que si estamos seguros es que si llegase a suceder algún evento imprevisto de causa mayor el desastre sería el peor que ciudadano alguno viviría en una oficina bancaria. Una alarma tan solo generaría el caos con consecuencias funestas. Es un encierro con dos puertas giratorias donde después de pulsar un botón comienzan a desplazarse muy lentamente para que usted entre o salga según sea el caso. Pero si usted lleva consigo un objeto de metal, llaves, lentes, pulseras, carteras, celulares, entonces deberá dejar en un locker sus pertenencias. Lo malo es que la cantidad de estos reservados no alcanzan ni siquiera una treintena por lo que usted tiene que esperar horas para usar uno de esos espacios. Una vez adentro prepárese a pasar todo el día, independientemente de la operación que usted vaya a realizar. Dios nos libre de estar allí si llegare a ocurrir alguna catástrofe natural. Por ahora estamos obligados a denunciar esta cantinflada y a la vez hacemos un llamado a las autoridades nacionales del banco de Venezuela, a la SUDEBAN y al cuerpo de Bomberos para que se elimine semejante mamotreto y la agencia de Lechería que suponemos es la única en esta iniciativa, pueda estar al servicio de la comunidad. Es una cuestión de salud física y mental